Cuando estamos enojados somos fáciles de manejar.
Cualquiera nos puede empujar para donde quiera.
En una mañana lluviosa, después de que un incendio accidental destruyera la parada del ómnibus del barrio, un joven furioso porque el coche pasó lleno y no le paró, recibe una inesperada lección de Duarte, el kiosquero de la esquina. Un cuento breve sobre el temple, la dignidad y la importancia de no dejar que otros moldeen nuestras decisiones.
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